Sueño Lucido III.-Migrantes
En la oscuridad de la noche, María y su madre corrían desesperadas por una carretera solitaria, el sonido de los pasos de su perseguidor resonaba detrás de ellas. El viento helado cortaba sus rostros mientras el miedo las impulsaba hacia adelante.
Recordaban haber estado en esa situación antes, una y otra vez, en un ciclo interminable de escape y persecución. El dolor del pasado se entrelazaba con el presente, creando y rememorando recuerdos era como si repitieran la misma historia, una y otra vez.
Al llegar a una parada de autobús, se refugiaron junto a otros viajeros que compartían su destino. Juntos enfrentaron el frío y el hambre, alimentando la esperanza con la solidaridad de una extraña que les ofrecía una lona para protegerse del viento.
Pero esto no era más que un breve respiro. La realidad de su situación los alcanzaba una vez más, recordándoles que no había vuelta atrás. Para María, la posibilidad de regresar a casa era un consuelo que no podía permitirse.
La lluvia persistente y el frío implacable los obligaban a detenerse, a descansar en un tronco donde el sueño los envolvía en un abrazo frío y húmedo, mientras el futuro se desdibujaba en la densa niebla.
Sin saberlo, ese era el final del viaje. La hipotermia los había alcanzado, sumiéndolas en un sueño del que nunca despertarían, atrapadas para siempre en el eterno abrazo de Morfeo.
Entonces en la niebla densa de la noche, un automóvil se aproximó a la parada de autobús abandonada. El conductor, al ver la conmovedora escena de dos niñas y una mujer mayor dormidas, abrazadas y aferradas a una lona, sintió un estremecimiento en el corazón. Aunque no había nadie más a la vista, sintió una fuerza inexplicable que lo impulsó a detenerse, a pesar del terror de la escena, parecían más una estatua que personas.
Al acercarse con cautela, el conductor descubrió a María, su hermana menor y su anciana madre, todavía con vida, aunque apenas su respiración se sentía lenta y cortante. Con cuidado, las envolvió en mantas, y aunque trataba de separarlas parecían ajenas a su entorno, se aferraban fuertemente a su madre, era una escena conmovedora, parecía una especie de santa para los desamparados. Llamo a emergencias, no podía solo, necesitarían un hospital a lo menos. Así que espero con ellas abrazándolas, para darles un poco de su calor, cubriéndose lentamente siento su protector, tal vez él lo necesitaba más que ellas, un abrazo que llego demasiado tarde, oh justo a tiempo, lo descubriría en cuanto llegaran los servicios de emergencia, mientras se sintió repentinamente cansado, y durmió un poco, solo será un momento pensó.
Mientras el sol comenzaba a asomar en el horizonte, una sombra se deslizaba entre los árboles cercanos, observando en silencio. El conductor logró vislumbrar sombras alejándose a lo lejos, tal vez estaba soñando o el frio de la noche lo estaba haciendo delirar, escuchando sus pasos quebrar las hojas y las ramas. Aunque no podía verlos bien, percibió una sensación de gratitud en el aire. "Gracias...", apenas alcanzó a escuchar, una voz perdida en la oscuridad.
Uno de los médicos lo saco de su ensimismamiento, preguntándole que si estaba consiente, las 3 mujeres ya no estaban solo el en el tronco lleno de sabanas, empapadas por la lluvia, y curiosamente la misma lona que había visto antes...
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